El amor es un privilegio, no una obligación.

Puede que sea yo. Que no sea un privilegiado. Puede que yo sea el problema. Que no pueda mirar más allá. Que no me deje ver más allá. Que no me deje ver más de todo aquello que esté mirando. Que busque aquello que no se busca. Que encuentre todo aquello que más de uno ha encontrado. Que no crea en la felicidad. Que no crea en las historias que me han contado.

Que no sepa cuál es el fin de un principio, ni cuál es el principio de un fin. Puede que sea yo el problema. Obsesionándome en todo aquello que los otros no tienen, pero a la vez tienen. Que quiera revivir los recuerdos del pasado de distinta forma. Que quiera saber que se siente una vez enamorado. Porqué si, me he enamorado, No de aquella persona que me correspondía tal vez. Pero es bonito enamorarse sin saberse correspondido.
Las letras fluyen cuando estoy triste y me siento triste cuando fluyen todas mis letras. Me fumo todas aquellas letras que no te he dicho, que no te diré. Que ahora ya han pasado.

Sigo enamorado. ¿De ti? O de aquella persona que creí que eras. Puede que el problema sea yo. Y lo soy. Busco todo aquello que no he encontrado jamás. Y dudo que encuentre algún día. Melancolía. Tú eres la tilde de esa Í finita. Tú eres todo aquello que no he buscado. Pero que jamás encontraré. Tú eres ese instante. Tú eres todo aquello que ha pasado. Eres. Serás y has sido. Para mí todo ha fluido. Para mí todo se ha escapado. Se han escapado las decisiones. Los querer y no poder. Los poder pero no querer. Todo aquello se ha acabado para mí y me tengo que conformar con verte con otra persona distinta que no sea yo.

Yo he dado mucho en una relación, o en varias que se han consumido por su rapidez y su efervescencia. He dado más de todo aquello posible pensando que algún día se me daría por devolución. Y sigo esperando. El amor es un privilegio, no una obligación. Nos hacen creer que la consumación de la vida es ser querido por otra persona, pero no lo es. La consumación de la vida es eso, vivirla. Sentirse vivo y acorde a lo que uno es sin querer ser otra persona ni envidiar a nadie por lo que parece o debe tener. El amor, como una estrella fugaz interviene en tu vida con un esplendor atípico, que a veces puede ser tenue, o a veces cegador. Pero una cosa si es sabida. El amor viene y va. No elegimos de quien enamorarnos, ni a quien enamoramos.

Intentamos parecer algo que no somos para agradar a esa persona que te gusta, pero enamoramos a alguien equivocado siendo como somos. Es difícil de entender ese sentimiento abstracto del que todos hablan, pero pocos lo han sentido. Y es bien sabido que no hay una especie única. El amor se camufla en un olor, se disipa entre las yemas de los dedos al rozar el cabello de esa persona recién levantada. El amor se interpone a elecciones o decisiones cruciales en tu vida. El amor se distingue en el hecho de que cuando se va, duele.

Pero a veces cuando aún está, duele más que cuando se marcha. El amor se marchita al utilizarlo demasiadas ocasiones y no lo reconocemos cuando es el de verdad. No debemos sentirnos obligados a amar. Porqué amar es muy fuerte y a veces no se piensa en las consecuencias que conlleva. Y responsabilidades, muchas responsabilidades que tanto hombre como mujer olvidan para caer en tentaciones que no se deberían consumar. El amor es una bendición que debemos respetar y conservar. El amor se extingue y hay pocas personas que lo pueden verificar.

Pregúntate si el amor reside en ti, o depende de alguna otra persona.
Si tu respuesta se adecúa con la primera parte de la pregunta eres un privilegiado, si reside en la segunda parte de la misma, tienes un problema.
Que tu felicidad no dependa de nadie, y por tanto, no hagas de alguien tu todo, ya que, si no está, no tendrás nada.
Recuerda que el amor es un privilegio, no una obligación.

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