Creer para ver o ver para creer.
La fortuna no se haya en aquellos lugares intrépidos y desapercibidos por el ojo humano. La fortuna se busca. Se palpa y se siente.
La suerte podría decirte que no existe, pero hay quien cree en ella.
La gente condicionada con la suerte tiene más poder influenciable que otras personas. ¿Qué quiero decir con eso? Simple, si crees en la buena o la mala suerte, eres más fácil de moldear, de influenciar por otras personas semejantes o superiores a ti.
No digo ni que esté bien ni que esté mal, creer. Hay mucha gente, que cree en algo que nunca ha visto. Y entonces vemos esa típica frase que nos abruma cada vez que desconfiamos. "Ver para creer". O el típico, "si no lo veo no lo creo".
Cambiando los factores no se altera el resultado, a veces. En este caso, sí. Creer, para ver.
La diferencia es tan simple que puede llegar a ser imperceptible para aquellos que se limitan a leer la contraportada del libro y no a mecerse en sus letras y frases.
La diferencia, es aquella que tú quieras darle.
Yo puedo creer. Yo creo. Yo creo en lo que veo. En lo que palpo. En lo que sé que ahí está. Con fundamentos, con un porqué.
Yo tengo más posibilidades de ganar una apuesta en un partido de fútbol o baloncesto, antes que ganar en una "tragaperra". ¿Cómo? Sencillo, En un partido de fútbol, juegan 22 personas bajo una normativa regida por un árbitro. En el baloncesto, juegan 10 personas regidos por tres colegiados. Hay unas normas y unas sanciones por la opresión de aquellas normas establecidas. Hay una finalidad. Ganar. Y basándote en estadísticas, metodología de juego, meteorología, lugar, etc. Puedes estimar si ganarás o si perderás ese tipo de apuesta.
En cambio, con una máquina traga perras, tú puedes echar y echar monedas, siempre jugarás contra una computadora. Evaluando estadísticas y con tantas cifras y porcentajes que no llegas a comprender, pero que te vuelcan a probar y probar. El círculo vicioso se le llama ¿no?
¿Por qué esta metáfora de las apuestas ahora?
No escribo sin motivo alguno y mi motivo es el siguiente:
La creencia es algo relativo. Algo que no podemos notar, algo que no podemos cuestionar. Pero hay mucha, mucha gente que cree. Creerán en sus dioses, en sus antepasados, en su futuro, en su empresa, en su equipo de fútbol, o en su pareja.
¿Qué ganas creyendo en algo? Depositas tu "fe" en aquella persona u objeto, y se pierde. Estás necesitado de aquella cosa en la que crees. Y está bien creer en algo.
Yo creo en mi familia. Creo en mis amigos/as. Y sí, estoy necesitado de ellos. Creo en el futuro, y creo en el pasado. También los necesito para vivir mi presente. Creo en mis lectores, que a buen recaudo o con un fin malévolo, me leen. Y os necesito ya que si no, no seguiría escribiendo.
He aquí el quid de la cuestión.
Creer, está bien. Hay que depositar nuestra fe en alguien o algo para poder fortalecer nuestra mente y así intentar ser mejor persona el día de mañana.
Pero cree con cuidado. No creas en lo que te digan sin antes demostrártelo, y solamente cree en lo que tú creas conveniente.
Hay que ver para creer. Pero también, en el fondo, hay que creer para ver.
La suerte podría decirte que no existe, pero hay quien cree en ella.
La gente condicionada con la suerte tiene más poder influenciable que otras personas. ¿Qué quiero decir con eso? Simple, si crees en la buena o la mala suerte, eres más fácil de moldear, de influenciar por otras personas semejantes o superiores a ti.
No digo ni que esté bien ni que esté mal, creer. Hay mucha gente, que cree en algo que nunca ha visto. Y entonces vemos esa típica frase que nos abruma cada vez que desconfiamos. "Ver para creer". O el típico, "si no lo veo no lo creo".
Cambiando los factores no se altera el resultado, a veces. En este caso, sí. Creer, para ver.
La diferencia es tan simple que puede llegar a ser imperceptible para aquellos que se limitan a leer la contraportada del libro y no a mecerse en sus letras y frases.
La diferencia, es aquella que tú quieras darle.
Yo puedo creer. Yo creo. Yo creo en lo que veo. En lo que palpo. En lo que sé que ahí está. Con fundamentos, con un porqué.
Yo tengo más posibilidades de ganar una apuesta en un partido de fútbol o baloncesto, antes que ganar en una "tragaperra". ¿Cómo? Sencillo, En un partido de fútbol, juegan 22 personas bajo una normativa regida por un árbitro. En el baloncesto, juegan 10 personas regidos por tres colegiados. Hay unas normas y unas sanciones por la opresión de aquellas normas establecidas. Hay una finalidad. Ganar. Y basándote en estadísticas, metodología de juego, meteorología, lugar, etc. Puedes estimar si ganarás o si perderás ese tipo de apuesta.
En cambio, con una máquina traga perras, tú puedes echar y echar monedas, siempre jugarás contra una computadora. Evaluando estadísticas y con tantas cifras y porcentajes que no llegas a comprender, pero que te vuelcan a probar y probar. El círculo vicioso se le llama ¿no?
¿Por qué esta metáfora de las apuestas ahora?
No escribo sin motivo alguno y mi motivo es el siguiente:
La creencia es algo relativo. Algo que no podemos notar, algo que no podemos cuestionar. Pero hay mucha, mucha gente que cree. Creerán en sus dioses, en sus antepasados, en su futuro, en su empresa, en su equipo de fútbol, o en su pareja.
¿Qué ganas creyendo en algo? Depositas tu "fe" en aquella persona u objeto, y se pierde. Estás necesitado de aquella cosa en la que crees. Y está bien creer en algo.
Yo creo en mi familia. Creo en mis amigos/as. Y sí, estoy necesitado de ellos. Creo en el futuro, y creo en el pasado. También los necesito para vivir mi presente. Creo en mis lectores, que a buen recaudo o con un fin malévolo, me leen. Y os necesito ya que si no, no seguiría escribiendo.
He aquí el quid de la cuestión.
Creer, está bien. Hay que depositar nuestra fe en alguien o algo para poder fortalecer nuestra mente y así intentar ser mejor persona el día de mañana.
Pero cree con cuidado. No creas en lo que te digan sin antes demostrártelo, y solamente cree en lo que tú creas conveniente.
Hay que ver para creer. Pero también, en el fondo, hay que creer para ver.
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