Efímero

Todo lo que escribo lo suelo relatar en primera persona, me sienta mejor.
Pero a la vez me creo egocéntrico. Soy Leo. Qué más se puede pedir.
Desde hace dos años vivo en Alemania. El país de las oportunidades de Europa.
Siendo quien quiero ser y siendo quien pueda escoger, me dirijo a decir, que estoy más solo que la una. Ni más ni menos.
Me duele incluso admitirlo. Porque vivo bastante bien. Pero estoy solo. Y no hay nada que me acoja más miedo que la solitud.

Ni a la muerte le tengo tanto respeto.
Solitud. Que palabra tan bella y tan desgraciada.
Desde que la oí por primera vez en aquella clase de literatura Catalana (si, Catalana con C mayúscula, son un país) en boca de mi profesor, con el libro de Victor Catalá en la mano, hasta hoy, seis años después que me retuerce la espalda cual acupuntura thailandesa.

No me importa morir solo. Pero mientras viva quiero estar acompañado. De quién? No lo sé. Demasiados amigos en las redes sociales y los de verdad los puedo contar con una mano. Y me sobran tres dedos.

Las amistades son efímeras. Hace siete, creía que mi mejor amiga siempre iba a estar ahí. Ahora ni me reconocería por la calle. Montse.
Por suerte mi leal y armado escudero siempre esta ahí, fiel a su caballero tenebroso hasta que el mundo se divida en dos. Pero antes habiéndolo recorrido de arriba a abajo. Sergio.

Y bueno, las nuevas amistades ahi están. Sin saber si seran para siempre o solamente de épocas, como las estaciones. Cuatro por año. Pero sabemos que siempre volverán.
Hay nuevas. Y una me la voy a llevar a la tumba. Es más, me voy a ir a vivir con ella (o él) en un año a las Canarias.

Y luego si hablamos de mujeres, mejor voy acabando este escrito. Que voy a publicar, pero solamente para ver si la esencia sigue en mí, o tambien es efímera.

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