Como conocí a vuestra madre.
Alguien me enseñó que todo aquello que me había arrebatado, me sobraba. Que la vida se divide en momentos, no en problemas. Que si no sonríes has perdido un día. Que todo aquello que vale la pena vuelve en su debido momento. Que nunca has de cerrar la puerta a la adversidad, sino enfrentarte a tus miedos. Todo esto y mucho más me lo enseñó ella, la persona que me ha aguantado más en esta vida. La persona que me ha querido más en la faz de la tierra. La persona a la que veo cuando cierro los ojos. La persona que sueño cuando no estoy dormido. Ella, vuestra madre. No éramos tan jóvenes como nos pensábamos, el hígado pasaba factura asimismo como los huesos al bailar. Sin comerlo ni beberlo me adentré en medio de una discoteca poco afluente en el medio de la ciudad. Carnaval. Tan siquiera recuerdo con quien estaba, demasiado alcohol corría por mis venas cuando sucedió uno de los momentos más clave de mi vida. Fui a tomar un ron-cola, bebida característica por su fuerte dolor estomac...