Mírame. si lo que sientes es amor.

Tengo miedo decirte lo que siento. Tengo miedo de decirte todo lo que pienso de ti. Tengo miedo de decirte todo lo que pienso de nosotros. Tengo miedo de decirte todo lo que sabemos y que nunca sabremos. Tengo miedo de decirte todo lo que sentimos y que a la vez no sentimos. Tengo miedo de ti.

Eres aquella persona a quien miro si tengo que decir algo. Eres aquella pieza que me falta para dar la razón a todo lo que necesito dentro de mí. Eres todo lo que necesito cuando estoy triste. Cuando estoy alegre. Cuando estoy decaído. Eres todo lo que necesito. Y que necesitaré.

El amor está. El amor duele. ¿Qué dirías que hace más daño; una estocada al corazón, o un puñal de la persona a quien amas?

La duda que crea el amor, a veces es resuelta por la pasión. La pasión sexual por ejemplo. Un término muy común hoy en día para la juventud. Aquella sensación de entusiasmo mezclada con sentimientos durante una o dos horas pasajeras, que sólo calman las ansias de estrés y nerviosismo.
A veces esto puede crear errores, confusiones y daños. Muchos daños. Daño para la persona que lo hace, que luego se arrepiente, pero también hace daño a la persona que está fuera de este balance sexual, que se arrepiente de no haber tirado atrás sus sentimientos.

No es necesario llegar a ese extremo para hacer daño. Sólo un gesto, una palabra o un beso ya duele, si no es a ti a quien te lo hacen. Amigos, yo he hecho daño, pero también me lo han hecho.

En el momento en que ella te trata diferente, te hace daño. En el momento en que te vuelve a tratar igual, te duele. En el momento en que no le importa todo lo que dices o que sientes, te duele. En el momento en que no hace esos gestos contigo, sino con otra persona, te duele. Te duele todo más cuando estás triste. Y ver un beso al que no le es correspondido, hace mucho más daño .

Lo vi, sí. Os lo podéis creer o no, pero yo me fije dos veces para comprobar su certeza. Y ella a mí también me vio. Me miró, con esa cara de que no quería besarle a él, sino a mí. Esto hace aún más daño. Una mirada puede decir mucho ya la vez muy poco. Una mirada, dicen, que es la ventana al alma. Nuestra mirada se fundía cada vez que sin querer se cruzaba entre besos y caricias, caricias y besos que no te hacían a ti . Y que tú, inverosímil, sonreías. Sonreías como si no te importaran ninguno de aquellos besos que deseabas sentir en tus propios labios. Una sonrisa se ​​crea continuamente después de una mirada que nos acaricia la mejilla. Cada mirada que nos hacemos, que vemos y que sentimos nos lleva a un tipo de sonrisa diferente. Y esa sonrisa no era muy sincera. Más bien era de pena, de dolor y tristeza .

Es así como enderezaba mis gestos faciales para hacer ver que no me importaba nada de lo que ella hacía. Es así como todavía lo hago, y en mi corazón no hay nada más que un vacío inmenso sin nadie que lo pueda llenar, haciendo lugar cuando no estás, ni estarás .

La sombra detiene el viento mientras recoge las hojas en las aceras de la calle principal de mi corazón  La pena nos coge cuando no estamos juntos. Cuando nos falta esa cosa que nos hace sonreír. La soledad nos abruma cuando no estamos cogidos, juntos. Aquel instrumento que late fuerte en nuestra barriga cuando nos vemos. Aquel pensamiento día tras día que nos hace olvidar los imprescindibles cotidianos. Lo es el amor, y eso es lo que me pasa cuando no estás conmigo.

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